Rufo un perro vagabundo con muchos dueños

Hace un par de veranos viajé con mi familia por Asturias, durante el viaje nos alojamos en diferentes ciudades y sin lugar a dudas la que más me gustó fue Oviedo.




Me pareció una ciudad limpia, preciosa y muy civilizada, cosa que mi padre confirmó orgulloso explicándome que era una de las ciudades más seguras de España, vamos , un sitio de esos donde no te importaría vivir.

Pues bien, cuando leí la historia de Rufo desde luego no me sorprendió que esto pasase en un sitio así, y me sentí apenada al pensar lo poco que haría falta para cambiar las cosas y comenzar a ser más civilizados.

Rufo fue un perro vagabundo que vivió entre los años 80 y 90 en la ciudad de Oviedo, vivía en las calles pero nunca estaba solo, era vagabundo pero pertenecía a todo el pueblo. El perro conocía todos los rincones de la ciudad y también sabía que portales eran los más adecuados para dormir caliente, los mejores bares para llenar el estómago y las fiestas más concurridas para recibir caricias.
El propio ayuntamiento de la ciudad se encargaba de bañarlo, desparasitarlo y vacunarlo de forma totalmente altruista.

Rufo también sufrió algún percance del que salió airoso, y que más tarde pasó a formar parte de esas anécdotas que todavía se cuentan de él, como por ejemplo: La vez que fue recogido y llevado a la perrera de Oviedo y los ciudadanos se indignaron tanto que incluso se manifestaron por las calles pidiendo su puesta en libertad. Rufo fue de nuevo libre al poco de ser apresado. También recuerdan los ovetenses como el perro se coló en el teatro Campoamor durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, y como el entonces alcalde Don Antonio Masip tuvo que reñirle para que saliese de la sala.

Lo mismo iba al fútbol al Tartiere que visitaba los Lagos de Covadonga porque Rufo era todo un asturiano, un ciudadano más, querido y respetado por una población que tuvo con él un comportamiento envidiable.

Ahora los hijos y nietos de los adultos de aquellos años quieren hacer todo lo posible por conservar el recuerdo de Rufo y poder seguir contándoles a sus descendientes la historia del perro vagabundo que más dueños tuvo del mundo.

Es envidiable que los ovetenses velen por conservar su historia y por transmitir que el amor y el respeto por los animales hace historia.

Si queréis ayudar a conservar la historia de Rufo podéis hacerlo contandola y compartiendo este artículo, los ciudadanos ovetenses por su lado ya han recaudado una gran cantidad de firmas para levantar una estatua en honor al can.

¡Que vivan Oviedo y sus gentes!